Cada día · por turnos
Noor y Sam se turnan para recoger la mesa. Una rutina indica a quién le toca.
Cocina, aspiradora y colada en una lista común. Convertid el trabajo recurrente en rutinas y acordad quién se encarga.
Hablad de qué tareas requieren más esfuerzo. Los puntos predeterminados dan un valor estable a la tarea sin tener que configurarlo en cada ocasión.
Elegid esta semana, la anterior o un periodo personalizado. Consultad el reparto por persona y los detalles de las tareas completadas: quién hizo qué y cuándo.
Por ejemplo, acordad 1 punto por recoger la mesa, 2 por aspirar y 3 por limpiar el baño. Son valores orientativos, no una norma fija de Zanuli. Tras una semana, comentad si el reparto funciona. Una casa grande o una limpieza a fondo puede requerir otro acuerdo.
Los puntos reflejan vuestro acuerdo, no horas trabajadas ni una valoración objetiva del esfuerzo. Solo se ven las acciones registradas; la organización invisible también merece una conversación.
Empezad con pocos acuerdos claros. Este hogar ficticio utiliza tres tipos de tareas. Adaptad los nombres, días y esfuerzos a vuestra situación.
Noor y Sam se turnan para recoger la mesa. Una rutina indica a quién le toca.
Alex limpia el baño el sábado. Cread una rutina semanal y acordad quién suele hacerla.
La basura está llena. Añadid una tarea puntual; quien tenga tiempo se encarga. Después todos ven si está terminada.
Comparad el mismo periodo y hablad también del trabajo no marcado: pensar la compra, recordar citas o ayudar a un niño. Repartid responsabilidades, no solo cantidades. Ajustad el acuerdo si alguien tiene menos tiempo. Una tarea pendiente invita a hablar, no a imponer automáticamente más puntos.

No siempre. Una tarea rápida y una limpieza a fondo son distintas. Los puntos ayudan a hablarlo, pero el tiempo disponible, los cuidados y la planificación también cuentan.
Un día intenso dice poco sobre todo un mes. Elegid juntos un periodo y valorad tanto las tareas completadas como los puntos acordados.